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Biografía de Sócrates - Quién fue

Sócrates, junto a sus otros dos colegas, Platón y Aristóteles, conforman la tríada de filósofos más destacada de la filosofía griega.

Filósofo griego de los más notables de la Grecia Clásica junto con Platón, del que fue su maestro, y con Aristóteles

Los tres no solamente produjeron notables pensamientos que ciertamente influirían en la sociedad de su tiempo, sino que además resultaron sumamente influyentes para las generaciones posteriores, que aún hoy, recuerdan y citan sus teorías y conclusiones, siendo de entre todos los máximos exponentes de la filosofía griega.
Es decir, hoy, siglos y siglos después, siguen siendo pensadores de los más admirados, cuyas ideas y propuestas se consideran de vanguardia en muchos aspectos porque supieron acertar en sus apreciaciones. Vistas hoy permiten concluir ello.

Orígenes y una precoz inclinación por reflexionar y la oratoria

Sócrates es el más veterano de los tres, ya que vivió entre los años 470 y 399 A.C., e incluso fue el maestro de Platón, en tanto, la Antigua Atenas fue la ciudad griega que lo vio nacer y desarrollarse. Era hijo de un escultor y una comadrona.

Desde muy temprana edad, Sócrates, despertó la atención de su entorno como consecuencia de la agudeza de sus pensamientos y de sus reflexiones, a los cuales le imprimía una sutil ironía, y por la facilidad oratoria que manifestaba a la hora de expresarse, y que sin dudas fue determinante a la hora de atraer a la gente hacia sus pensamientos.

Uno de sus maestros fue el filósofo griego Arquelao, quien lo habría introducido en el estudio preciso de la física y de la moral.

Su gran virtud fue no creer que lo sabía todo

Una de las grandes virtudes de Sócrates, y que fue la que lo llevó a profundizar una y otra vez en los diferentes ámbitos del saber, fue la conciencia de su propia ignorancia y la del mundo que lo rodeaba, aun cuando ese mundo decía saberlo todo.
O sea, Sócrates, no se subía a un pedestal y desde ahí decía que las cosas eran así o asá, sino muy por el contrario, sostenía y admitía que era ignorante en muchos aspectos, aunque muchos no lo viesen porque así, porque de esa manera se permitía seguir conociendo y aprendiendo.

Una postura dignísima y asimismo modesta, por parte de alguien que disponía de una importante cultura y saber pero que prefería no alardear de ello, porque en esa actitud creía estaba el secreto de la sabiduría.

Si pensamos y trasladamos esta actitud al día de hoy, sin dudas, es encomiable y difícil de encontrar en este mundo actual donde la mayoría se jacta de saber de todo y por caso opina con gran altanería creyendo tener siempre la verdad.

“Solo sé que no sé nada”

Era algo usual que Sócrates deambulase por calles y plazas públicas e interrogase a la gente para enfrentarlos a su desconocimiento, lo que popularmente se conoce como ironía socrática y que él pudo sintetizar en una frase que se haría mundialmente conocida: solo sé que no sé nada.

Para Sócrates saber no implicaba la acumulación de conocimiento, sino muy por el contrario, saber es revisar los conocimientos con los que se cuenta para a partir de los mismos construir un conocimiento más sólido.

A diferencia de tantísimos colegas, Sócrates, no escribió ninguna obra porque consideraba que cada cual debía desarrollar sus propias ideas. Todo lo que se conoce de él se le debe en gran parte a Platón, su discípulo, al discípulo de éste Aristóteles, al historiador Jenofonte, y al comediógrafo Aristófanes.

También, Sócrates, sirvió como soldado de infantería en las batallas de Samos, Potidea, Anfípolis y Delio.

Juicio y condena a muerte

Durante su vida, Sócrates, supo tener fuertes convicciones en el plano religioso, y asimismo fue muy reconocido en su tierra natal por el gran patriotismo que supo demostrar en más de una oportunidad, inclusive poniendo su propio cuerpo, ahora bien, en un determinado momento esta posición la cambia y de inmediato empieza a generar entre sus compatriotas y el gobierno desconfianza, porque no estaban de acuerdo, por un lado, con su actitud frente a la gestión ateniense, y por otro lado ante la cuestión religiosa, dado que Sócrates desestimaba la creencia de un dios sino que proponía la existencia de un dios pero no asociado a una figura concreta.

Por caso es que fue acusado de desprecio a los dioses y de intentar a través de sus argumentaciones e ideas de querer corromper la moral de los jóvenes.

El juicio lo encontró culpable y lo condenó a muerte, aunque solo unos pocos avalaron su asesinato. En tanto, Sócrates, realizó un fuerte descargo ante el tribunal que terminó por enojar a todos y finalmente se ordenó su condena a muerte.

Los últimos días de su vida supo pasarlos rodeado de amigos y de seguidores que lo apoyaron hasta el último momento.

Tenía 70 años de edad y a razón de los enemigos que fue cosechando por su particular forma de pensar, fue condenado a muerte por un tribunal griego que lo halló culpable de los cargos de corrupción de la juventud y el desconocimiento de los dioses atenienses.
En el año 399 A.C. fue envenado con cicuta y así encontró la muerte.
Esta práctica era sumamente común por aquellos tiempos.

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