Historia/mito de Hestia (Vesta)

Hestia (Vesta, como equivalente en la mitología romana) es hija de Cronos y Rea, la primera en ser devorada por su cruel padre y la última en escapar de él. Diosa del hogar y de la lumbre que calienta a los que habitan en él, de personalidad bondadosa y pacífica, alejada del resto de los dioses y en armonía con el pueblo. Será muy venerada en las casas y honrada por sus sacerdotisas romanas, conocidas como las Vestales. Mantendrá su virginidad y dejará al dios Dioniso para que ocupe su puesto entre los Olímpicos. Arte por matiasdelcarmine.

La primera que nació, la última que salió

Hestia es una diosa que no alberga tanta fama como la de sus hermanos y hermanas, pero representa una figura importante para los mortales. Fue la primera hija de la unión entre Cronos, la divinidad que personifica al tiempo, y Rea, divinidad de la tierra, concretamente de las montañas. Cuando Cronos, en un ataque de locura y siguiendo los pasos de su padre Urano, devoró a sus descendientes uno a uno para que ninguno le sucediera en el poder, Hestia fue su primera víctima (seguida por Hades, Poseidón, Hera y Deméter). Sin embargo, Rea consiguió ocultar a Zeus, el menor de los hermanos, y cuando este creció se enfrentó a su padre, obligándolo a vomitar a todos sus hermanos. Hestia fue la última en salir del estómago de Cronos, por eso comúnmente se hace referencia a ella como la hermana más longeva, y a la vez la menor.

Tras su victoria, cada hermano adoptó un diferente territorio o responsabilidad para hacer del mundo un lugar mejor tras la tiranía de su padre. A Hestia le correspondió el hogar, y todo lo que este engloba: la seguridad, la hospitalidad, y lo principal, su fuego, que debía arder siempre, no sólo para dar calor, la hoguera era el símbolo más relevante en cualquier morada griega, representaba también la deliciosa comida que se preparaba en ella.

De todos sus hermanos y dioses olímpicos, Hestia es una de las que pasaba más desapercibida. El motivo es sencillo: a diferencia del resto, ella no se mezclaba con los humanos, y tenía una relación cordial pero a la vez distante con el resto de divinidades, se mantenía al margen de las pasiones de todo tipo.

Por este motivo, son pocos los episodios en los que intervenga la diosa, pero en esos pocos nos queda aún más clara su amabilidad y carácter hospitalario y gentil.

“Hestia, en todas las moradas de hombres e inmortales
eres la invitada de honor y la ofrenda de dulce vino
al empezar y acabar la fiesta se te escancia.
Nunca sin ti podrán dioses o mortales celebrar un banquete”.
Himno Homérico XXIX.

Como otras pocas diosas, Hestia se decantó por la castidad

Hestia decidió consagrarse a la virginidad perpetuamente. No tenía interés en una descendencia, o en formar parte de todas aquellas peleas y maquinaciones (a su parecer enfermizas) del resto de los dioses. Fueron varios de ellos los que la cortejaron y se interesaron por ella: entre ellos el dios Apolo y su propio hermano Poseidón, dios de los océanos. Ambos le propusieron matrimonio, pero ella los rechazó. Y para dejar mayor constancia de su castidad se presentó ante su hermano Zeus, el ya rey del Olimpo, para jurar ante él que nadie la tocaría, fue la manera de hacerlo lo más oficial posible.

Cede su lugar en el Olimpo al dios del vino

Tras el nacimiento de Dioniso (o en romano Baco), este joven dios se hizo extremadamente popular, pues en Grecia se le atribuía a él la invención del vino, y como opuesto a Apolo, se lo relacionaba con la irracionalidad, el éxtasis, el desfase (todo aquello que esa bebida a base de uva provocaba a cuantos la tomaran). Tal era su posición, que resultaba más que evidente que le correspondía un lugar en el Olimpo, pese al desprecio de la diosa Hera, pues este era uno de los muchos hijos de Zeus pero no suyo. Sin embargo, había un problema: en la morada de los dioses ya eran doce, un número perfecto, y ya en la Antigua Grecia el número trece era de mal augurio.

Los dioses se reunieron, sin saber qué hacer (ignorando en gran medida a Hera, que seguía sin querer saber nada del dios de las bacanales) y fue entonces cuando Hestia intervino. Con su habitual temperamento solemne, la diosa habló al resto, y dijo que se sentía mucho más útil y necesaria abajo, en la tierra de los mortales, lo más próxima posible para ayudar a las familias y presentarse en todos aquellos templos en los que se celebraban sus virtudes, que eran las de la chimenea, el calor del hogar. Para ella no tenía sentido contemplar como el resto todo desde arriba, inaccesible para aquellas gentes que la veneraban. Por lo que Hestia, generosamente, cedió su sitio a Dioniso.

Vesta y las Vírgenes Vestales

Es en Roma cuando Hestia tiene mayor apogeo. Los romanos la consideraban aún más importante, y era costumbre honrarla con ofrendas y darle las gracias antes de cada comida que realizaban.

Existía una casa de sacerdotisas que estaban consagradas a ella, cuya responsabilidad o propósito implicaba un compromiso de castidad, igual que su diosa; y mantener siempre encendida la llama sagrada que la representaba, pues era su elemento, su símbolo, y esta no podía apagarse jamás.

Rea Silvia fue la más famosa de estas sacerdotisas, que pese a su voto de castidad fue violada por el dios Ares y trajo al mundo a Rómulo y Remo, los mismísimos fundadores de Roma. Es por ello que Vesta, aunque indirectamente, se relaciona muy a menudo con la fundación de la ciudad.

Iconografía

Es una de las divinidades menos representadas, muchas veces incluso se ha tratado como una diosa incorpórea, la propia personificación de la hoguera. Aún así, en las escasas obras que aparece, es común verla con velo y una larga túnica(símbolo de su castidad), con una antorcha como su símbolo, e incluso sujetando flores recogidas para adornar el hogar.

Bibliografía

Escudero de la Plaza, Lorenzo (2016) Guía para identificar los personajes de la Mitología Clásica. Ed. Cátedra.

Autor: Redacción Quien.NET.

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