Biografía de Sócrates

Sócrates fue un pensador griego, padre y maestro de filosofía. Emblema de la pedagogía occidental y la retórica. Su objetivo como educador fue promover en su alumno el impulso para la búsqueda personal y la verdad. Revolucionó su época con un novedoso método de argumentación sustentado por el diálogo. Cultor de la ironía y creador de la mayéutica. Contó con un profundo sentido de la interioridad. Hizo suyo el lema conócete a ti mismo. Conocerse uno mismo implicaba conocer los propios límites y la propia ignorancia. Fue crítico de los sofistas a quienes cuestionó su metodología y el negocio que armaron entorno al saber. No le interesó su salario como docente. Lo preocupó mantener un diálogo ameno y vivido con sus discípulos. No dejó obras escritas. Lo que se sabe de él lo hicieron público sus famosos alumnos: Platón y Jenofonte.

469 a.C.

Nació en Atenas. Su padre fue escultor y su madre partera.

Se especula que recibió una formación elemental por no proceder de una familia aristocrática, clase social, que, por aquella época, fue la que tuvo mayor acceso a la educación superior.

Desde muy pequeño manifestó una notable facilidad para el diálogo y el razonamiento.

Antes de dedicarse a la filosofía asistió a su padre en el trabajo y fue albañil.

432 a.C.

Participó en la Guerra del Peloponeso que enfrentó a su ciudad con Esparta.

Los comentarios sobre su desempeño militar coincidieron en resaltar su capacidad militar.

433-398 a.C.

Postuló el autoconocimiento. Lo indicó como el inicio del trayecto para alcanzar el verdadero saber. No se aprende a andar ese camino con el recibimiento pasivo de contenidos ofrecidos desde afuera, sino con la búsqueda trabajosa que cada uno realiza dentro de sí.

Fue un acérrimo detractor de la sofística y de uno de sus máximos referentes: Protágoras.

No solo les cuestionó el método que aplicaron, que únicamente estuvo orientado a conseguir una utilidad práctica en el plano político, sino también sus propuestas políticas, morales, y el exacerbado afán por monetizar su trabajo.

Prefirió reunirse con un reducido grupo de alumnos en lugar de exponer sus conocimientos ante grandes públicos.

Su propuesta consistió en el diálogo y un breve discurso que oscilaba entre preguntas y respuestas.

Para él, dialogar, no implicó un procedimiento mecánico ni mucho menos, sino que antes que nada era una clase de razonamiento que implicaba el acuerdo entre él y su interlocutor, mientras que los entendimientos a los que se llegue deben estar basados en la coherencia.

No le enseñó a cualquiera como los sofistas, que según él usaron la enseñanza para hacer negocio, sino que seleccionó cuidadosamente a sus alumnos. Fue capaz de descartar la enseñanza de un aspirante si consideraba que éste no tenía nada guardado en su interior.

La única coincidencia con los sofistas fue su interés por los problemas del hombre, más que por los cosmológicos y naturales, y por el asunto de cuál es la mejor formación para que el ciudadano sea capaz de gobernar su ciudad.

Desarrolló el método de la mayéutica, palabra que procede del griego maieutikḗ, y que remite al proceder de un parto. Porque estimó, que asimismo como la comadrona o partera asistía y acompañaba a la mujer en el proceso de alumbramiento de su hijo, el maestro, debía hacer lo propio con su alumno, ayudarlo en el proceso de surgimiento y elaboración de las ideas y conceptos que se alojan en su interior, para analizarlas y determinar en ellas falsedad o verdad.

La acción educativa debe dirigirse con preferencia a enseñar la virtud. No puede enseñarse desde afuera, es decir, no se puede transmitir con la palabra, pero sí se la puede suscitar en el ánimo humano, porque los hombres la llevan embrionariamente consigo, si es que media una oportuna instrucción.

La ironía socrática consistió en hacer que el interlocutor se confiese ignorante, el primer paso hacia la sabiduría.

En su método apareció con recurrencia la ironía, en el sentido común de la palabra; abría el diálogo con grandes declaraciones sobre su ignorancia y le atribuía elogios a la sabiduría de su interlocutor, que éste aceptaba sin más.

Sin embargo, al final, quedaba en evidencia que el único sabio era él, que al menos sabía que no sabía, mientras que su dialogador decía saber sin saber, porque sus opiniones habían sido refutadas a través del método dialéctico, que consistió justamente en aceptar las opiniones como verdaderas para luego demostrar que de ellas se desprendían consecuencias absurdas y contradictorias.

Descartó estudiar la naturaleza y se enfocó en las cuestiones y acciones humanas, y muy especialmente en ese fin supremo de la actividad de los hombres que es: tener, lograr el bien.

El alma es la primera realidad del hombre y luego aparece el cuerpo, que la secunda.

Por caso, es que animó a sus alumnos a cultivar el alma y ocuparse de sus bienes.

Creyó que quien conoce el bien lo realiza, pero para conocerlo es necesario haberlo encontrado en uno mismo, haberlo aclarado en diálogo con los otros.

Las cuestiones políticas y morales formaron parte de sus abordajes y sobre ellas consideró que debían ser tratadas por especialistas. Esta apreciación la trasladó al ejercicio del poder, que pretendió que sea ejecutado por personas sabias y expertas en el bien, la justicia y la virtud moral.

399 a.C.

Murió por envenenamiento con cicuta, en Atenas. Tenía 71 años,

Era costumbre en la época utilizar el método de intoxicación con veneno para aplicar la sentencia de muerte decidida por un tribunal de justicia.

Fue acusado del delito de no reconocer a los dioses atenienses, trastornar el armonioso curso democrático de la polis y de corromper a los jóvenes.

Autor: Redacción Quien.NET.

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