Historia/mito de Ulises (u Odiseo)

Ulises (también conocido, de hecho originalmente, como Odiseo) fue un rey y héroe griego, que luchó en la Guerra de Troya y tardó un total de 20 años en regresar a su amada tierra Ítaca, por culpa de un gran conjunto de impedimentos. Es el protagonista de La Odisea, epopeya épica atribuida a Homero. Arte por Ebeets.

Príncipe heredero de una humilde isla

Ulises es hijo de Laertes y Anticlea, reyes de Ítaca, una pequeña isla jónica.

Desde que era muy pequeño, sus padres le inculcaron el amor por la tierra, las pequeñas cosas y el respeto. El joven creció sano, fuerte y destacaba la inteligencia que poseía respecto a otros muchachos de su misma edad.

Cuando Laertes se sintió demasiado mayor para gobernar, cedió el trono de Ítaca a su hijo, y este se casó con la hermosa Penélope, y dieron a luz a su único hijo: Telémaco.

Los soldados le llaman a filas. La falsa locura del rey de Ítaca.

Ulises reinaba en la isla tranquilamente, feliz y rodeado de sus seres queridos. Pero un día se presentaron los soldados griegos para echar todo esto por tierra. Grecia había entrado en guerra con los troyanos, y venían a llevarse a Ulises a luchar, no aceptarían un no por respuesta.

El joven rey estaba entre las cuerdas. No había escapatoria, debía partir y dejar su tierra, a su amada mujer y a su pequeño hijo…¿o tal vez no? Desesperado por quedarse, Ulises urdió una estrategia y fingió que estaba loco, pero él mismo acabó delatándose y no le quedó otro remedio que partir con los griegos.

Después de eso, se volcó en la causa y ayudó con todos los preparativos necesarios antes de navegar definitivamente a Troya. Fue el propio Ulises quien reclutó a Aquiles astutamente, al mejor guerrero.

En la Guerra. Una idea para la victoria.

Ya en Troya, Ulises participa en las diferentes batallas que se dan durante los largos diez años que dura la Guerra. Luchar no era su punto fuerte, pero se defendía con la espada lo suficiente para sobrevivir y matar a algunos de sus oponentes.

Tras años viviendo en un campamento, y pasando toda clase de penurias, los griegos han acabado con gran parte del ejército troyano, pero siguen sin conseguir penetrar la ciudad de Troya, que con sus altos muros está guardada como una fortaleza, y parece que nunca conseguirán entrar en ella.

Es entonces cuando la mente privilegiada de Ulises entra en acción y se le ocurre un plan para conquistar de una vez por todas Troya. Se lo comunica al resto: construir un gigantesco caballo de madera, hueco por dentro, y que los soldados griegos se escondan dentro, recogiendo antes todo el campamento. Los troyanos creerán que los griegos, cansados, se han retirado por fin a sus hogares y entrarán el gigantesco caballo a la ciudad, que les han dejado como regalo por su victoria. La idea era perfecta. ¿Funcionaría? Estaban a punto de descubrirlo.

Una mañana, los troyanos avistaron perplejos un nuevo panorama desde sus murallas. El campamento de los griegos había desaparecido, y en la playa no se avistaba ningún barco, tan sólo un gigantesco caballo de madera. Debían haber partido por la noche.

Los troyanos se ilusionaron y fueron a buscar el caballo. Sólo uno de ellos desconfiaba: Laocoonte, un sacerdote de Poseidón. Advertía al resto que no se fiarán de los griegos ni de sus regalos. Lamentablemente, justo en ese momento salieron del agua unas serpientes marinas y devoraron a Laocoonte y a sus hijos. El resto de troyanos que se encontraban en la playa interpretaron esto como un castigo de los dioses al sacerdote, por desconfiar, y abrieron la imponente muralla de la ciudad para entrar el caballo. El plan de Ulises había funcionado.

Los troyanos celebraron su victoria durante días, sin sospechar nada. Una noche, los soldados griegos salieron aprovechando que ya habían bajado la guardia, y arrasaron Troya.

La dificultosa vuelta a casa: toda una Odisea.

Tras diez largos años, Ulises no pensaba en otra cosa que regresar a su querida Ítaca con su mujer y su hijo. Poco imaginaba él entonces lo difícil que sería este viaje de vuelta, principalmente debido al dios Poseidón, el rey de los océanos, al cual el héroe griego no le generaba ningún tipo de simpatía. Y esto se agravó aún más cuando Ulises hirió y dejó ciego a su hijo, el cíclope Polifemo, con tal de escapar de su cueva. Las aguas estaban revueltas, Poseidón estaba enfadado.

Ulises sufrió toda clase de desventuras durante el trayecto. Entre ellos, los episodios más destacados acontecieron en la isla de los Cíclopes, la isla de Circe, las sirenas, Escila y Caribdis, la ninfa Calipso, su visita al reino del Hades

Todos estos acontecimientos lo arrastraban a él y a sus hombres irremediablemente hacia la muerte, de hecho todos sus compañeros acabaron muriendo. Pero Ulises, en algunas ocasiones gracias a su ingenio, en otras por la ayuda de los dioses que sentían simpatía hacia él (Atenea principalmente) logró llegar a casa tras otros diez años. Entre la Guerra de Troya y su odisea particular para regresar, Ulises estuvo fuera de casa veinte años.

Más complicaciones en casa. El final feliz.

En casa le aguardaban más sorpresas desagradables. Durante su larga ausencia, el palacio se había llenado de pretendientes desagradables y maleducados, que insistían a Penélope para que escogiera de una vez a uno de ellos, su marido ya no iba a regresar. La reina había tratado de persuadirlos durante un tiempo, prometiendo que escogería a su futuro esposo cuando terminara el tapiz que estaba bordando (el cual deshacía de noche para no terminarlo nunca).

Atenea intervino para ayudar a Ulises, lo disfrazó de anciano y le dio unas instrucciones.

Con la ayuda de su hijo Telémaco, ya un adulto joven y fuerte que nunca se había rendido y mantenía la esperanza de que su padre siguiera con vida. Juntos derrotaron a los pretendientes, que no podían sospechar que aquel anciano que ya llevaba unos días en palacio fuera el verdadero rey.

Penélope desconfió de Ulises, al principio. Como su hijo, ella siempre había creído que seguía con vida. Pero ya mayor, con más experiencia en la vida, le costaba creer que después de todo fuera cierto. Cuando Ulises le explicó su aventura y con palabras dulces habló de sus primeros años de matrimonio, confidencias que sólo ellos podían saber, Penélope se echó a sus brazos, llorando. Su amado al fin estaba en casa. La paz volvería a Ítaca.

Autor: Redacción Quien.NET.

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